A finales de 2006, cuando Microsoft hizo pública la beta del nuevo Windows Vista, la descargué e instalé en mi ordenador. Tenía ganas de probar en primera persona las novedades que traía este sistema operativo.
La broma me salió cara, ya que, aún no sé por qué, me creó problemas en el resto de los discos duros que tengo en formato NTFS y tuve que formatearlos de nuevo para que desapareciesen estos problemas.
Cuando por fin salió la versión final, a pesar de que con la experiencia anterior se me habían quitado las ganas de volver a probar Vista, sucumbí ante la tentación y volví a instalar una versión de prueba. ¡Fabuloso! El mismo problema tal como cuando instalé la beta. Por lo visto Microsoft no es capaz de crear un sistema operativo que no cause daños a cualquier cosa que tengas en la misma máquina. Ni siquiera se salvan sus viejas versiones de Windows, ya que el XP que tenía en ese mismo ordenador quedó hecho unos zorros y lo tuve que instalar desde cero.
Y ese cero es la nota que finalmente le he dado a la “evolución” que esta empresa propone. Porque, destrozos aparte, no he sido capaz de ver novedades positivas en los pocos días que he tenido instalado Windows Vista: una interfáz gráfica nueva, pero que no me acaba de convencer, ya que me gusta más la de XP. Un Internet Explorer 7 que no trae tantas novedades como en principio esperaba y que, además, se puede conseguir con Windows XP sin instalar Vista. Quizás la navegación por pestañas sea lo mejor que incorpora. Pero para eso ya venía usando desde hace tiempo Firefox, que, además, se puede enriquecer con cientos de complementos que permiten hacer cosas que deberían sonrojar a los creadores de Internet Explorer. En cuanto a multimedia, sí, más cosas, como la incorporación del Media Center. Pero a un precio en consumo de recursos grandísimo. Y aun más grande en las limitaciones que impone el sistema DRM.
En fin, todo esto ha sido demasiado para alguien que venía usando Windows desde su ya remota versión 3.11. Había que buscar una alternativa.
Hace años que conocía el mundo de Linux. Mis primeros pasos los dí con Mandrake 6 (hoy Mandriva). Aquella distribución, basada en Red Hat, estaba bien, pero la verdad es que en cuanto a soporte de hardware dejaba que desear. Al menos en mi caso, ya que tenía demasiados dispositivos que no me funcionaban de entrada.
Con el tiempo fui probando otras distribuciones, incluida Red Hat Linux, pero aquello no me acababa de convencer. O al menos no se había producido en mi mente ese cambio de chip que te hace ver que hay cosas mejores, o al menos, distintas, que Windows. Y es que nos han acostumbrado tanto al dichoso sistema operativo de Bill Gates, monopolizando el mercado de ordenadores nuevos gracias a los acuerdos que firman con ensambladores y fabricantes de hardware, que nos engañamos a nosotros mismos pensando que es lo mejor que hay y que con otro sistema no sabríamos ni por donde empezar.
Pero había llegado el momento de intentarlo, y lo hice. Con dos distribuciones de Linux: Ubuntu y Debian. La primera tiene la fama de ser la distribución Linux más amigable y facil para los que, como es mi caso, venimos de Windows. Y es verdad. Todo me ha funcionado a la primera y la interfáz gráfica, al menos para mi gusto, es de lo mejor que hay. Debian es una de las distribuciones Linux más respetadas por su estabilidad y por el hecho de ceñirse estrictamente al contrato social de GNU, el software libre, ya que el 100% de su contenido es software libre. Además, Ubuntu está basada en Debian.
Hasta tal punto llevan los creadores de Debian a rajatabla la licencia GNU que, en la última versión, Etch, han creado un fork del navegador Firefox y de la suite de Correo Thunderbird, llamados Iceweasel e IceDove por pequeños problemas con la licencia del logo de éstos.
La verdad es que llevaba tiempo trabajando con Linux a nivel de servidor, ya que las webs de multiforos.es, bloogle.es, este mismo blog o otros servicios, los tenemos alojado en servidores que usan actualmente CentOS. En el pasado también hemos usado servidores con diferentes versiones de Fedora Core. Pero a nivel de escritorio, en una estación de trabajo, nunca había usado Linux.
A los pocos días de haber comenzado a trabajar con Linux, rara es la ocasión en que inicio el ordenador en Windows XP, la verdad, cuando lo hago, no puedo evitar una sensación algo extraña que me hace volver a Linux…


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