El que pierde es el ciudadano, para no variar.

En Sevilla tenemos una semana completita. Además de los problemas ya habituales causados por las obras del metro, la peatonalización del centro, carril bici, reformas en los parques, etc., esta semana nos quedamos sin autobuses públicos debido a la huelga de los empleados de TUSSAM, la empresa municipal de transportes públicos.

Yo puedo entender que los trabajadores de esta o cualquier empresa tengan reivindicaciones para mejorar su nivel de vida, estabilizar su empleo, tener mejores condiciones laborales o, si les parece, pedir una semana de vacaciones en la estación espacial internacional, con todos los gastos pagados, por supuesto. Pero hasta ahí llega lo que me parece bien.

Lo que ya no me parece nada bien es que siempre, los que sufran estas reivindicaciones, sean los ciudadanos. Porque está claro, al Ayuntamiento le importará bien poco la huelga porque los señores ediles tienen su coche oficial y no necesitan ir en autobús. Recaudarán menos, pero bueno, tampoco supondrá eso una ruina. A lo sumo les molestará que esta huelga se convoque justo una semana antes de las elecciones municipales.

Pero al ciudadano que use el autobús como medio de transporte para ir al trabajo, y que demasiado tiene ya con salir cada día de su casa para ganarse las habichuelas, muchos de mala manera, este tipo de huelgas les da un palo tremendo. Porque los servicios mínimos vienen a significar un autobús a la hora con suerte. Y eso en según qué líneas. Además, que el único autobús que haya vendrá abarrotado y tardará lo suyo en hacer el recorrido debido a las largas colas de gente en las paradas.

En resumen, siempre, siempre, el que paga el pato es el mismo, el que no tiene nada que ver con los problemas que haya, o no haya, en TUSSAM.

Yo le pediría a los trabajadores de este país que, si tienen derecho a la huelga, lo ejerzan, pero que lo ejerzan sin perjudicar a gente que está en sus mismas o peores condiciones laborales. Que ya está bien eso de decir “si yo estoy mal, que lo sufran también los demás”. ¿Por qué entre los brillantes sindicalistas que abundan en estas empresas no hay alguien que cambie el chip y diga, “sí , vamos a hacer una semana de huelga” una semana en la que para concienciar al ciudadano de nuestros problemas laborales, vamos a sacar el doble de autobuses a la calle y no le vamos a cobrar a nadie por usarlos. Que sea la empresa la que de verdad pierda.”?

Esto es una utopía. Mientras haya individuos pobres de espíritu que crean que hacen más daño a la empresa cabreando al ciudadano, en vez de llevárselo al huerto y obtener sus simpatías, esto no cambiará. Y se seguirá dejando a la gente sin transporte público, o contando carreteras o…. Pero bueno, es que si no se hiciera así, esto no sería España, sería Japón…

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