Sucedió cerca del mediodía del 24 de agosto del año 79. El Vesubio, un volcán que llevaba más de 1500 años sin dar señales de actividad, decidió despertar de repente. Bueno, quizás no fue tan de repente, ya que los habitantes de sus laderas llevaban un tiempo soportando algunos temblores de tierra y otras señales que, para nosotros, serían alarmantes. Sin embargo los romanos no sabían demasiado de volcanes. De hecho la única referencia que tenían de uno era el Etna, al cual sí que habían podido observar en plena erupción. Pero lo consideraron un caso único y no se preocuparon más. Al menos hasta ese 24 de agosto, en que el cono del Vesubio voló por los aires en una explosión más violenta que las de las bombas atómicas que se lanzaron en 1945 sobre Japón. Pocos habitantes de Pompeya habían huido los días anteriores, y la explosión y posterior baño de lava los cogió a casi todos de sorpresa.
La ciudad quedó completamente sepultada entre cenizas y lava. Se dio por perdida y con el tiempo fue olvidada. Hasta hace 2 siglos, cuando empezaron las excavaciones para descubrir, con asombro, los restos mejor conservados de una ciudad romana. Era una ciudad que nunca había sido abandonada, ni saqueada, ni destruida. El tiempo se detuvo en Pompeya en el año 79 y, ahora, en 2007, podemos ser testigos de la forma más fiel, de como vivían los habitantes de aquella ciudad.
No quisimos perdernos ese testimonio de una vieja civilización y aquella mañana salimos de Roma poco antes de las 8 para recorrer los alrededor de 230 kilómetros que nos separaban de la actual Pompeya.
El viaje, acostumbrado a lo monótono de las carreteras españolas, fue, al menos, vistoso, ya que todo el camino transcurre entre verdes montañas en algunas de las cuales, en la cima, se erigen viejos pueblos de paredes y murallas de pediedra. Tras algo más de dos horas visualizábamos una cima peculiar que no podía ser otra que el Vesubio. Nuestro destino estaba cercano. Así fue, tras entrar en una carretera secundaria en poco tiempo nos encontrábamos en la población de Pompeya. La moderna Pompeya, que a juzgar por lo poco que vimos de ella, podría ser unos de los pueblos de menor interés de Italia, al menos si lo comparamos con otros de aspecto mas sugerente en los que los años y la historia se adivinan entre las piedras de sus muros y construcciones.
Pero no habíamos ido a conocer la nueva Pompeya, sino la antigua, la que fue tragada por el volcán y surgió de entre las cenizas con casi todo su esplendor. Tras dar unas vueltas, y con la inestimable ayuda, una vez mas, de nuestro amigo el GPS, nos encontramos a las puertas de la vieja ciudad. Quedaba el pequeño detalle de aparcar el coche en un sito donde no estuviese prohibido, tarea ésta en Italia tan difícil como en España. En vista de la hora y del retraso que llevábamos sobre nuestro programa, optamos por dejarlo en un parking de pago dentro de un camping.
Tras el “cabreo” del parking, que tenía una tarifa un tanto abusiva de 2,50 euros la hora, nos dispusimos a comprar las entradas para acceder al recinto. Había que esperar en una cola, y mientras tanto, no paraban de acercarse personas ofreciéndose como guías turísticos. Esto forma parte de esa especie de “acoso al turista” que existe en Italia, donde raramente nadie espera que solicites sus servicios. Más bien prefieren abordarte ellos y ofrecerte todo lo que tengan.
Ignoro lo que cobrarían por el servicio de guía, pero dado que cada entrada cuesta 11 euros, y supongo que habría que pagársela también al guía, honorarios aparte, me imagino que sería caro, teniendo en cuenta que la visita podría durar 6 horas.
Finalmente, pasadas las 11:30 de la mañana, con bastante retraso sobre el programa establecido, estabamos dentro de la antigua ciudad de Pompeya. Hacía un Sol de justicia e, inevitablemente, este iba a ser un factor que influenciaría nuestra visita.
A primera vista la imagen de lo que se ve al entrar en la ciudad no parece distar mucho de lo que esperas de otras ciudades romanas en ruinas. Muros a medio derruir, algún mosaico, estatuas y columnas tiradas por el suelo que cuentan poco sobre lo que fue el pasado más esplendoroso de esa ciudad. Pero a medida que te vas adentrando en sus calles te das cuenta de que estas ruinas son “más completas” que todo lo que has visto antes. Empiezan a aparecer casas con su patio interior, con el techo y los frescos en las paredes casi intactos, fuentes de agua que aun funcionan… en fin, vestigios que te ayudan a tener una idea bastante exacta de como vivió y murió aquella gente. En la mayoría de las ruinas romanas que hasta entonces habíamos visitado, tienes que conformarte con un simple suelo en el que quedan restos de mosaicos y poco más. Allí podías conocer con exactitud el espacio por el que se movían los habitantes de aquellas casas, la sensación de temperatura, confort, etc. En algunas de ellas casi tenias la sensación que al entrar en una habitación te encontrarías con alguno de los habitantes que habían vivido entre aquellas paredes.
En las largas calles de la ciudad, que seguían a la perfección el modelo de trazado urbano romano, era fácil imaginas a aquella gente caminando en sus quehaceres diarios. Y de fondo, como anunciando, o mejor dicho, recordando la tragedia, en casi todas las calles, la cumbre del Vesubio. El volcan que un día detuvo el tiempo en Pompeya.
Las termas están tan bien conservadas que probablemente podrían seguir usándose hoy día para la misma tarea para la que fueron construidas hace dos mil años. El anfiteatro, un teatro y, junto a él, un auditorio solo para escuchar música, más y más vestigios de un pasado lejano pero recuperado en esa ciudad. Un conjunto difícil de describir con palabras. Por eso opté por traerme el mejor recuerdo, que no es otra cosa que cientos de imágenes tomadas con mi cámara.
Quizás lo más conmovedor, los vaciados de los cuerpos encontrados entre la lava, tal como murieron ese 24 de agosto del 79. Cuando fueron encontrados ya no quedaba ningún resto orgánico, pero como si de un molde se tratase, la lava recordaba sus formas. Y estos huecos fueron rellenados con yeso para obtener los vaciados que hoy se pueden encontrar en diversos puntos de la ciudad.
Fueron casi seis agotadoras horas a pleno Sol recorriendo las calles y casas de una auténtica ciudad romana. Mereció la pena por lo extraordinario de su conservación. Aun queda una gran parte de la ciudad cubierta por la lava y no existen planes definitivos para su excavación. Quizás sea mejor dejarla sepultada ya que es evidente que la parte excavada empieza a deteriorarse al quedar expuesta a los elementos y, sobre todo, a las miles de visitas que recibe cada día. Salimos de allí con la sensación de dejar mucho por ver, pero nuestros cuerpos no aguantaban más. Posiblemente volveremos en el futuro, pero será en una estación más fresca y, a ser posible, con menor número de turistas.
Solo nos quedaba una cosa más que ver en esa pequeña escapada al sur de Italia. Lógicamente se trataba del mismísimo Vesubio. Quería ascender hasta su cumbre y contemplar el corazón dormido del volcán, pero el retraso con el que habíamos salido de Pompeya lo complicaba todo.
Le dimos las instrucciones oportunas al GPS y pronto nos hallamos subiendo por una estrecha y empinada carretera por la que difícilmente pasaban dos coches al mismo tiempo. A medida que ascendíamos se podía observar debajo la bahía de Nápoles bañada por un fuerte Sol de verano. Nuestro destino era la entrada al Parque Nacional del Vesubio, cercana ya a la cumbre y desde la que habría que subir el resto del camino a pie.
Pero esta vez la suerte no nos acompañó y, como ya imaginaba, al llegar nos encontramos con que el parque había cerrado. Quedábamos a escasos metros de la cima del cono del volcán, pero, al menos ese día, no lo podríamos visitar. Hubo que conformarse con verlo y fotografiarlo de cerca. También aproveché para obtener algunas fotografías de la bahía de Nápoles desde esas alturas. Allí no quedaba más que hacer ni ver, por lo que tras unos minutos de descanso decidimos poner rumbo a Roma. Teníamos que deshacer el camino que habíamos hecho aquella mañana y descansar en la comodidad del hotel.
Sin embargo aun nos aguardaba otro golpe de mala suerte. A escasos 20 kilómetros de Roma el GPS dejó de funcionar, con lo que la llegada a nuestro hotel se complicaba de forma inesperada.
En principio decidí localizar un punto de referencia conocido y cercano al hotel: La plaza de San Pedro. A pesar de que tuvimos que dar bastantes vueltas por las afueras de Roma, finalmente dimos con ella. A partir de ahí, y con la ayuda de un mapa conseguimos alcanzar el hotel con dos horas de retraso. Posiblemente esa noche cogimos la cama con más ganas que nunca.
Álbum fotográfico del segundo día de viaje.


que lastima me da la gente que murio en esa erupcion eso ha sido parecido a la ola sunami que no habisaron y fue una tragedia total lo mismo paso con pompella
El viaje es fascinante por esa ciudad. Comparto con todos estos videos que grabe en mi visita en febrero de este año. Si desean ver la secuencia completa de las 7 estaciones visiten:http://www.youtube.com/albertomejiamanrique
Pompeya (Estacion 03)
http://www.youtube.com/watch?v=nvaMhGKWpQg
Exterior de casas en Pompeya (2000 años de antiguedad)
Descripciones de las casas en Pompeya
Pompeya (Estacion 06)
http://www.youtube.com/watch?v=Efz9JrF4VwM
Figuras reconstruidas en Pompeya (hombres y animales)
Quedaron intactas en el momento de la erupción
Alberto
hola ,mas tambien e leido que ,pompeya e el nombre dado por nunchos cientificos a la tierra,antes de la separacion de la agua,dnd deu origen a los continiente ,me enterresaria mas informacion de essa hipotesi ,se hay algun estudio devado acabo sobre el tema ,,gracias,