La cosa va de salvajes

España no tiene remedio. Quizás sea todo el mundo el que no lo tiene, pero en España seguimos esforzándonos en ser diferentes. Aún no había salido del shock de ver como hace unos días los coches no paraban al ver cruzar a un gatito de dos o tres meses y lo atropellaban sin el menor miramiento, pasándole por encima sin inmutarse, como quien pisa una colilla.

Decía que aún no había salido de mi asombro de ver lo salvaje que es el ser humano de la ciudad, cuando el 11 de septiembre nos dan por la televisión la noticia de un nuevo episodio de esa fiesta nacional tan entrañable que tenemos. Me refiero al Toro de la Vega, uno más de esos espectáculos sangrientos que conforman las tradiciones de nuestro país.

Esta vez los salvajes son de Tordesillas, un pueblo de la provincia de Valladolid que nada debe envidiar a Coria, en Cáceres, con habitantes de la misma calaña. Y la víctima, un toro que muere con una lanzada despues de recorrer las calles entre vejaciones. Eso sí, este año han sido tres las lanzadas. Lanzadas dadas por un salvaje que al parecer recientemente había salido de un coma de varios meses. ¡Que pena que el coma no se hubiese prolongado hasta el fin del mundo! Este animal – y no lo digo por el toro precisamente- no creo que haya tenido experiencias espirituales durante su tiempo de coma. Más bien, el contenido de su cerebro debe de haberse igualado a la nada en la que ha estado sumergido durante ese periodo.

Está claro que eso es lo que hay. Las autoridades lo permiten y a mucha gente le gusta y disfruta con ello. En otras palabras, que seguimos siendo unos salvajes.

Por cierto, ¿para qué sirve la ley 11/2003 de 24 de noviembre de protección de los animales..?

0 Responses to “La cosa va de salvajes”


  • No Comments

Leave a Reply