El convidado de piedra

Imagino que no debe ser nada fácil ser una autoridad, Jefe del Estado, que te inviten a todo tipo de actos, y no poder expresar una simple opinión. Siempre leyendo discursos políticamente correctos, escritos por otros, y que, quizás, nada tienen que ver con lo que realmente opinas de cada situación.

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Ese es el papel que le a tocado a nuestro Rey, quien, a pesar de ostentar el más alto cargo de representación del Estado, no puede tener opiniones personales en asuntos de ese mismo Estado.

El incidente en la cumbre iberoamericana lo ha demostrado. JuanCarlos I es el Rey en una monarquía parlamentaria donde el Rey solo es un adorno. Debe ser un inmenso fastidio representar en la vida un papel como ese, sin voz ni voto.

Reconozco que me ha sorprendido gratamente su “intervención” en la mencionada cumbre. Ese “¿Por qué no te callas?”, que, admito, en términos de la diplomacia, ha hecho un flaco favor a la imagen de esa monarquía parlamentaria que representa el Rey, ha sido una respuesta más que merecida para el dictadorzuelo Hugo Chávez. Cualquier persona que estuviese aguantando la que estaba cayendo, podría haber reaccionado igual, aunque, efectivamente, el Rey no debe ser ni es cualquier persona.

Es curioso que éste último comprare a José María Aznar con Hitler, al decir que en ambos casos fueron elegidos en las urnas. ¿Tan poco da de sí este hombre que no se percata de que la única comparación posible con Hitler es él mismo?

Elegido en las urnas y a punto de convertirse en un salvapatrias vitalicio gracias a esa especie de referéndum que ha convocado, es Hugo Chávez la mejor personificación del fascismo del que tanto le gusta hablar. Ese fascismo que le ha empujado a clausurar cualquier medio de comunicación que no le sea dócil o a hacer que sus gorilas disparen contra manifestantes contrarios a su régimen.

Pero la verdadera vergüenza, de vuelta en España, es la actitud nuestro Gobierno, que frente a la escalada de insultos provenientes de Venezuela, hacen oídos sordos y solo declaran que hay que normalizar lo antes posible las relaciones. Algo, por otra parte, muy deseable si de verdad existiese la misma voluntad al otro lado.

Otro tema son los políticos como Gaspar Llamazares, que se llenan la boca de palabras en defensa de la libertad y los derechos humanos mientras se alinean con individuos como éste o como Fidel Castro. Para ellos los dictadores solo son de derechas, como Franco y Pinochet.

Pues no, señor Llamazares, los dictadores los hay de todos los signos políticos. Igual que los extremistas. Cambie el color del cristal de sus gafas y tenga el valor de reconocerlos a todos, no solamente a los que no son sus amigos. ¡Pero si hasta alguien tan poco sospechoso de monárquico y españolista como es Anasagasti ha defendido al Rey en esa ocasión!

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