Una de las conclusiones a las que he llegado a estas alturas de la vida es que hagas lo que hagas o pienses lo que pienses, nunca faltarán quienes te critiquen ya sea por exceso o por defecto. Agradar a todos es casi un imposible.
A finales de la década de los 70 vivíamos en una España aparentemente de “centro”. Supongo que fue una fórmula sacada de la manga por los políticos que hicieron la transición, con la que pretendían reconciliar la España de los dos bandos, vencedores y vencidos.
Aquello resultó en un fiasco en el que al final creo que el único centrista era don Adolfo Suarez, y acabó siendo torpedeado por los dos lados.
Adaptar tus esquemas en parte a un lado y en parte a otro es una de las cosas que menos futuro tiene en España y, posiblemente, en el resto del mundo, porque en esta situación los dos lados te considerarán su enemigo.
Esto lo afirma alguien que trata de ser original y tener ideas propias en la medida de lo posible.
Ayer escribía sobre el horror que me produce la “Fiesta Nacional”. Hoy leo un artículo que me han enviado en el que el autor me catalogaría en un estilo que califica como “mariconería postmoderna“. Hasta ahí nada que merezca la pena destacar. Por mi parte, tanto a este autor, como a cualquier otro que escriba algo similar sobre esta salvaje costumbre de hacer fiesta de la tortura de los animales, le recomendaría que ocupase el lugar del animal durante uno de estos “espectáculos”. Por lo demás, decir que con el resto de lo que escribe en el mismo artículo estoy razonablemente de acuerdo.
Si, por ejemplo, hablásemos de aborto, lo haría tan alto y claro como con esto de los toros. Me parece una salvajada suprema que determinados grupos, amparándose en el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, nos lo intenten vender como lo más normal y natural del mundo, cuando lo normal y natural debería de ser que si no quieres tener un hijo, actúes conforme a ello antes de engendrarlo.
No me vale lo de las circunstancias personales de quien toma la decisión de abortar, y que los demás, ajenos a sus motivos, no podemos entender y, por lo tanto, juzgar. Por esa misma regla, deberíamos entonces tratar de entender las circunstancias personales de maltratadores, de padres o madres que un buen día asesinan a sus hijos y después acaban con sus propias vidas, de otras muchas situaciones en las que se aplica la violencia contra el más débil amparándose en un trance difícil en la vida.
Sin embargo esto se hace. Cuando los medios de comunicación difunden noticias de padres que, ante problemas económicos o personales, matan a sus hijos y posteriormente se suicidan, o niños que nada más nacer son arrojados a un contenedor de basura para que mueran, estas cosas, como no podría ser menos, nos escandalizan.
Me pregunto, ¿en qué punto se establece la diferencia entre arrojar a un hijo recién parido a la basura o hacer lo mismo extrayéndolo salvajemente del seno materno poco antes de que nazca, es práctica habitual de algunas clínicas?
Conozco personas que han nacido prematuramente, uno o dos meses antes de cumplirse los 9 meses de embarazo. Son personas normales, completas, con una familia, con sentimientos, con todo aquello que también tenemos los que estuvimos 9 meses en el vientre de nuestra madre. El doctor Morín, entre otros, por una buena cantidad de dinero, no hubiese dudado en detener sus corazones y triturar sus cuerpos privándoles de la oportunidad de vivir en este mundo nuestro.
La diferencia está entre ser asesinado dentro del seno materno o en el interior de un contenedor de basura. Con el niño prematuro arrojado a la basura para morir se delinque, nadie muestra dudas ni argumenta sobre ese caso. Pero demasiadas personas pretenden que si a ese mismo niño se le mata dentro del vientre de la madre y posteriormente se extrae su cuerpo sin vida para triturarlo, ésto sea socialmente aceptable.
Volviendo al tema de los toros, estoy convencido de que el autor del artículo al que hacía referencia, aun sin compartir mis sentimientos sobre los animales, es muy probable que comparta lo que escribo sobre el aborto. Por el contrario, mucha gente que estará de acuerdo en la defensa que hago de los animales, se sentirá escandalizada o defraudada por mi concepto sobre el aborto.
Los unos y los otros harán más hincapié en las ideas que no compartimos que en las que compartimos, pero así somos los humanos. Al final, por pensar como pienso, quedaré mal ante todos.
Sin embargo, quien sepa leer entre lineas, puede llegar a una sencilla conclusión, y es que los actos de salvajismo son actos de salvajismo, los cometas contra quien los cometas. Una sociedad que sea capaz, no ya de llevarlos a cabo, sino de defenderlos, justificarlos y hasta reivindicarlos y hacerlos parte de su cultura, tiene aun un largo trecho por recorrer en el tortuoso camino que lleva a la evolución.
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