El diputado holandés Geer Wilders lo venía anunciando desde hace un tiempo: el estreno de un polémico documental contra el Islam. Posiblemente sería la mayor polémica en occidente desde las caricaturas de Mahoma que levantaron la ira de los musulmanes.
Pero en esta ocasión la sangre no ha llegado al río. Dicho documental solo ha estado unos minutos en Internet. La página oficial donde se iba a estrenar fue cerrada casi de inmediato por el proveedor de alojamiento. También se intentó colgar en la Web del partido de Widers, el PVV, pero al parecer también fue bloqueada en un principio y, aunque vuelve a estar disponible, ya no contiene ningún rastro del documental.
Otras páginas donde se ha colgado han recibido amenazas y se han visto obligados a retirarlo, como anuncia LiveLeak.
Es evidente que censurar Internet no es factible, y el polémico documental cada hora que pasa se extiende más, no ya en un creciente número de sitios Web, sino en redes de intercambio P2P, prácticamente imposibles de controlar (y si no que se lo pregunten a la SGAE).
La censura y la condena de organismos como el Consejo de Europa no hará más que acrecentar el interés del público por visionar la película y aumentará su distribución.
Pero, ¿cual es el problema de todo esto? Habiendo visionado la obra, he de reconocer que muestra la cara menos amable del Islam, la de los grupos integristas que no tienen reparo en matar a miles de personas en un atentado como los de el 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. o los del 11 de marzo de 2004 en España. Muestra prácticas que realmente se llevan a cabo, hoy en día, en países gobernados por la Sharia o ley musulmana: decapitaciones, mutilaciones, torturas, ablaciones, y un largo etc.
Los musulmanes argumentan que esto que se refleja en la película de Wilders es solo una pequeña parte del Islam formada por extremistas. Es posible, pero recordemos la reacción del mundo musulmán ante las caricaturas de Mahoma que antes mencioné. ¿De verdad tenemos que creer que esta gente son una insignificante minoría? ¿Y qué decir de las revueltas en Sudan a partir de que una maestra inglesa permitiese a sus alumnos llamar “Mahoma” a un peluche? La facilidad con la que se organizan este tipo de violentas protestas o revueltas y el número de personas que participan en ellas no encaja muy bien con la explicación de que son insignificantes minorías. En el Islam existe una preocupante semilla de odio hacia todo lo occidental y un extendido deseo de destruir nuestra cultura, valores y forma de vida. Afirmar lo contrario es no estar en el mundo real.
No me parece oportuno el lanzamiento de un vídeo que solo puede crear más violencia y muerte, pero no puedo dejar de reconocer que muestra una cruda e innegable realidad de espalda a la cuales no podemos vivir. Ciertamente manipulada para solo mostrar la faceta extremista, pero ahí está y su realidad es innegable. A pesar de ello, insisto, yo no lo habría publicado. En nuestra cultura de lo políticamente correcto, un documento así en nada va a concienciar a nuestra sociedad, mientras que los resultados adversos que pueda acarrear, como por ejemplo, las reacciones de grupos extremistas islámicos, serán reales y palpables.
Posiblemente esa haya sido la convicción que ha llevado a organismos como el Consejo de Europa o la ONU a tacharlo de manipulador, intentando así evitar que la sangre llegue al río. Aunque, por otro lado, las reacciones de gobiernos como el iraní, no precisamente moderadas, acusando a todos los occidentales de estar tras el vídeo, no hacen más que darle cierta justificación. Quizás sea porque una parte de lo que muestra la obra sucede en Irán.
Hasta ahí todo correcto. Pero lo incorrecto y chocante empieza cuando en este mismo Occidente gobiernos y autoridades que profesan en público un profundo respeto por el Islam, no miden con la misma vara al cristianismo, que, cosas de la casualidad, es religión mayoritaria en nuestros países, muy a pesar de ellos. Burlas y ofensas contra símbolos y personalidades del cristianismo son frecuentes. Sus autores las hacen porque hay libertad de expresión, esa libertad de expresión de la que aquí mismo no gozan quienes pretenden mostrar hechos contrastados y probados que suceden cada día en el mundo islámico.
En España el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero y altos cargos de su partido no tienen reparos en criticar a los Obispos españoles cuando estos intervienen en una concentración por la familia en el sentido cristiano. Para nuestro gobierno Obispos y católicos no deben ser libres de expresar creencias o convicciones en público. Sin embargo los imanes en sus mezquitas pueden anteponer sus conceptos religiosos sobre nuestras leyes e incluso sobre los derechos humanos fundamentales.
En Andalucía, el presidente de la Junta, Manuel Chaves, ha decidido que a partir de ahora los hospitales públicos se construyan sin capilla. Mientras, su compañero de partido, Alfredo Sánchez Monteseirin, alcalde de Sevilla, anda en un sinvivir buscando el terreno para construir una mezquita para los musulmanes de esta ciudad. Me temo que esto debe de ser una aplicación de la célebre Alianza de civilizaciones propuesta por ZP.
Algo va mal en Occidente cuando despreciamos y destruimos nuestras raíces culturales y religiosas a la vez que protegemos y ensalzamos a culturas y religiones con las que pocos nexos de unión tenemos y de las cuales un profundo abismo social y cultural nos separa.
Hace algún tiempo conversaba con un amigo que me trataba de convencer de lo mala persona que es el obispo de Córdoba por no permitir el uso de la Mezquita-Catedral a los musulmanes. Desearía que esos musulmanes que ahora piden se les permita rezar en un templo cristiano, propongan en sus países de origen no ya que los cristianos -y cristianas- puedan hacer lo mismo en mezquitas, sino que simplemente, en algunos de ellos, les sea permitido practicar su religión sin ser encarcelados o expulsados.
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