A mediados de diciembre comenzaron a poner unas vallas entre los números 86 y 90 de la calle Niebla, en Sevilla. Al parecer iban a abrir una zanja para introducir la tubería del gas.
Un mes después las vallas seguían puestas con las consiguientes molestias para los vecinos (a penas se puede pasar por el estrecho pasillo que han dejado, y menos si llueve, ya que no puedes pasar con un paraguas) la obra seguía sin empezar.
Por fin a finales de enero aparecen los trabajadores y se empieza la obra: en unos días abren una zanja, entierran la tubería y la vuelven a cubrir. Solo queda volver a poner el acerado y retirar las vallas.
Todavía estamos esperando, se han llevado dos o tres semanas las obras paradas, sin que haya venido nadie a trabajar. Seguimos con las vallas, montones de losetas para el pavimento de la acera, tierra, grava y empapados cada vez que llueve y tenemos que salir porque es imposible circular entre las vallas y el edificio con un paraguas abierto (ya llevamos unos cuantos rotos probando).
Si no hubiese vivido en el extranjero podría pensar que esto es normal, que tres meses para una zanja de unos metros es un tiempo prudente y necesario. Pero habiéndo visto la rapidez con que se finalizan obras de mucho más calado que estas en otros paises, solo me queda la sensación de vivir en un país tercermundista, donde a pesar del paro, de la crisis, del dinero de nuestros impuestos que se está invirtiendo en el famoso plan E, para hacer una simple zanja de apenas 20 metros son necesarios tres meses o más.
Lo peor es que me temo que nuestra economía se recuperará al mismo paso. ¡Qué verguenza!
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