A mediados de diciembre comenzaron a poner unas vallas entre los números 86 y 90 de la calle Niebla, en Sevilla. Al parecer iban a abrir una zanja para introducir la tubería del gas.
Un mes después las vallas seguían puestas con las consiguientes molestias para los vecinos (a penas se puede pasar por el estrecho pasillo que han dejado, y menos si llueve, ya que no puedes pasar con un paraguas) la obra seguía sin empezar.
Por fin a finales de enero aparecen los trabajadores y se empieza la obra: en unos días abren una zanja, entierran la tubería y la vuelven a cubrir. Solo queda volver a poner el acerado y retirar las vallas. Continue reading ‘La obra eterna’
Desde hace años es habitual que durante la semana de feria se cierre el Parque de los Príncipes para realizar algunas tareas de mantenimiento, entre ellas la limpieza del estanque.
Durante uno de estos cierres, en 2005, murió una buena parte de la población de patos que lo habitaba, sin saberse muy bien hasta la fecha si la causa de aquello fue el hambre, al no alimentar nadie a los animales durante una semana, o los gamberros que con frecuencia saltan la verja y comenten este tipo de atrocidades.
Admito que es viejo, pero no tiene desperdicio. Un extracto del discurso de don Alfredo Sánchez Monteseirín (sí, sí, el alcalde de Sevilla) en la inauguración de la avenida de la Astronomía.
Se me ha ocurrido que, como cada día que pasa estoy más contento de las cosas que solamente suceden en Sevilla, voy a dedicar una serie de entradas a los detalles que demuestran que esta ciudad cada día tiene menos de “ciudad de las personas”, frase con la cual nuestro querido alcalde, don Alfredo Sánchez Monteseirín, nos trata de vender la moto de que vivimos en la mejor de las ciudades posibles.
Muchos vecinos estaban cansados de que grupos de jóvenes estuviesen hasta altas horas de la madrugada bebiendo y gritando en los bancos que no hace mucho se pusieron en la calle.
Son cosas que pasan, ya lo sé, pero lo que me resulta difícil de concebir es que pasen en una España que presume de europea y en una Andalucía cuyos gobernantes gastan millones, nuestros millones, en campañas institucionales para hacernos creer a los ciudadanos que, poco menos, estamos a la cabeza de occidente.
O al menos eso es lo que deben pensar los caminantes que se encuentren con este profundo agujero que hace semanas ha aparecido en el Parque de los príncipes en Sevilla.
No quiero ni imaginarme lo que hubiese pasado si en vez de un semáforo, en ese paso de peatones hubiesen estado varias personas. Las autoridades deberían tomar medidas “expeditivas” contra la forma de conducir por la ciudad que tienen muchos individuos. Demasiados para mi gusto.
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