Al final no pudo ser. Se acercaron unos turistas, se puso nerviosa y dejó la tarea para otra ocasión.
memorias de un caminante virtual
Al final no pudo ser. Se acercaron unos turistas, se puso nerviosa y dejó la tarea para otra ocasión.
O al menos eso podría pensar cualquiera que la vea asomarse a la ventanilla del coche cuando la llevamos de viaje. Y es que debe encantarle sentir el viento en su carita perruna.
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